El vibe coding NO ES el FUTURO del software
Es lo que pasa cuando la incompetencia encuentra su voz.

Lo raro del vibe coding no es el código. Es lo rápido que la gente ha dejado de intentar entender aquello en lo que trabaja.
Lo ves en todas partes. Alguien arranca unos agentes de IA, pega un prompt de sistema que dice «eres un experto sénior», ejecuta un análisis y el proyecto aparece «lleno de problemas críticos». No porque esté roto. Porque ha salido un texto muy seguro en la pantalla.
La mayoría de esos prompts no pide pensar. Pide sonar convincente. Así llegan los patrones conocidos, las advertencias conocidas, las conclusiones conocidas. Parece profesional y completo. Y suele ser superficial de cojones.
Encaja perfectamente con los incentivos. A las empresas de IA no se las premia por dudar o matizar, sino por respuestas que parecen decisivas. Cuanto más rotunda la conclusión, más útil parece. El vibe coding aplica esa lógica a todo.
El resultado es mucha actividad y poca comprensión. Se abren tickets. Se escriben documentos. Se escalan «hallazgos». Casi nadie pregunta dónde reside la autoridad real del sistema, qué impone cada capa o si la conclusión tiene algo que ver con la realidad.
Así se convierten las «auditorías» de IA en teatro. Todos ocupados, todos productivos, nadie razonando sobre lo importante. Quita de la ecuación al humano que entiende el sistema y la seguridad al hablar ocupará el hueco.
No estoy en contra de escribir código con IA. En manos de un desarrollador de verdad, los modelos son útiles: aceleran, condensan conocimiento y reducen fricción cuando ya sabes qué haces y por qué.
El problema empieza fuera de ese contexto. En cuanto los modelos son arquitectos, auditores o fuentes de verdad, dejan de acelerar y se convierten en juguetes. De los ruidosos.
La IA puede ayudar a los ingenieros a avanzar más deprisa. No aporta criterio a quien nunca lo ha construido.
El vibe coding no hace más rápidos a los equipos. Los hace sentirse cómodos. Y en esa comodidad se cuelan los problemas de verdad.
Hablemos de claridad.


